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Ortauc nares erpmeis sod sám sod

November 11

Proposición indecente

Imposición de las semanas de dos domingos cada siete días, que se emplazarían en el ya antiguo Domingo y en el Miércoles, siendo días laborables el Lunes, Martes, Jueves, Viernes y Sábado. Dos descansos salteados (una gota de aceite, un poco de sal y calor) a la semana, dos posibles salidas de la rutina, dos días enteros para deprimirse, llamar a la señorita melancolía o teñirse el pelo. Es una maravilla alejar de mi cabeza prácticas religiosas.

Y yo (y como antes que moi la señora Olvido) voy a perder el miedo. Voy a cuestionar la gravedad, tocar el fuego con los dedos o asistir a conciertos en el extrarradio.

Voy a intentar acabar con la ansiedad, con la falta de ganas de comer, con las palabras que no sé lo que significan. Me voy a hacer amiga del bibliotecario, para conseguir que me quite las sanciones por devoluciones tardías (y muchos diréis ¡Pero si Adriana no es capaz de devolver algo tarde!. Cierto, pero solo en parte. A veces se me olvida en qué día vivo, en qué sitio estoy y cómo se movían mis músculos.

Sisisi, vuelvo a estar triste. Vuelvo a salir a la calle sólo por obligación. Vuelvo a pedir libros del depósito (esta vez robándoselos a mis compañeros siendo más rápida). Estoy quitando telarañas a las sonrisas y sacando cuadernos del baúl. Malo, me he vuelto a acordar del anfiteatro, del trivial en un sofá, de los bancos del parque y de los cafés.

 

Piensa en frío…

 

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Post Scriptum: Me reconcilio con la tecnología…

October 20

Tercer plato y premio de consolación

Y espero con bastante impaciencia todo aquello que no quiero. Sólo quiero sentir que alguien me recuerda, que piensan en mi, que se acuerdan de mi sonrisa, de mis dedos, de mi forma de exagerar las palabras, de mi chaqueta de rayas, del libro que no me acabé de leer y de lo sosa que es siempre mi comida, porque (sin miedo a la hipertensión) nunca uso salero. Soy callada, sólo grito si te quiero, el sol me abandona pronto y tengo una predilección especial por el mar y el agua salada. Ahora háblame de ti.

 

Claro que busco a mi ser de sangre azul y cabellos rizados, como cada hijo de vecino, como cada película que veo sin querer y que acabo recordando. Palabras que no pesan, que quieres que trasciendan, pero que no van más allá de las ondas que nadie quiere tener cerca.

 

“Te quiero ver pronto”. Después de un mes el pronto sigue siendo mañana.

 

Ansiando el encuentro casual que preceda a un encuentro ulterior sin visos de fracaso, con roces de esperanza y muecas de alegría dilatada por el recuerdo.

 

Soy progre, moderno y hablo de los demás sin problemas, sin tabús o tabúes. Exijo por tu parte que hagas lo mismo, que me digas de que pie cojeas, aunque sino lo sabes ya lo intentaré descubrir yo, con inferencias cegadas por mi entrepierna. Su plato está servido.

 

May 28

Find the key and lock the door

Todas estas palabras están destinadas y condenadas a recoger mis miserias y mis miedos. No van a ser palabras divertidas aunque te rías cuando hable de mezclas y de puertas móviles y de gatas en celo aullando en las calurosas noches de verano. De esos veranos en los que construimos imágenes que sólo van a parar a algún lugar de la memoria del que no me apetece hablar, porque éste es un texto triste.

 

Y ahora he justificado lo escrito, porque tengo que compensar mi maldad insana (compartida con cada persona que me rodea. Qué triste tener cosas en común, amor) con algo de organización enfermiza a mi alrededor.

 

Han sido las calles empinadas, las escaleras, el viento que las vuelve locas y su sesear. El descuido de dejar abandonadas cuatro cajas de cerveza en una despensa para las emergencias emocionales.

Utilizaría el verbo compartir ahora, pero ya sería estar pretendiendo individualizar algo que todas compartimos.

 

Como tantos otros antes que mi (¿o antes que yo?) hablo sobre mujeres. Pero esta vez sobre las simples. Sobre las que lloran cuando están solas y sobre las que no buscan ser especiales. Porque se esconden detrás o porque no saben realmente lo que les espera al otro lado. Porque son cobardes y hacen lo que pueden por levantarse cada día. Por aquellas a las que maltratamos queriendo (no se maltrata sin querer) y en el peor de los casos disfrutando.

A algunas se las escucha detrás de un oscuro deseo y a otras se las escucha con los ojos puestos en la bandeja de entrada. Pero no quiero pecar de cantautor y quiero acabar con las listas y el desprecio por los verbos y las acciones.

 

No salí (voy a dejar esa sucia manía de utilizar la tercera persona para librarme de espíritus malignos) de casa en los días que me estuvo permitido. Esos días se convirtieron en unas pocas horas pero sirvieron para que la depresión no remitiera, con dulces placebos como el agua salada o los chicles de canela a bordo de un coche que estaba destinado a sufrir graves contusiones.

 

¿Nunca te dijeron que era de muy mal gusto hablar cuando nadie te está escuchando? Para algo se inventaron los psicólogos y los amigos.

 

La iconografía cristiana nos ha querido hacer creer que la maldad tiene cara arrugada y suciedad y es fea. Y ahora se reviste de normalidad a altas horas de la madrugada o sobre un atril de conferencias. Y quieras o no, te vas a quedar sin cesta.

Ay querida, como te echo de menos sin apenas conocerte. Te han robado, ya está. Una lagrima sin forzar por ti.

 

Y aquí estamos tu y yo de nuevo aquí de noche sin comas ni pausas ni ganas de conversar porque ya lo hemos dicho todo y el resto no nos importa.

 

Tan absurdo como hacer bailar a alguien que no quiere o tan bonito como que te regalen un pijama para compartir horas de sueño. Repito las pocas palabras ya dichas que me suenan bien.

 

Como cada noche vuelvo a ti, porque me he empeñado en acabar contigo, para que no sufras, porque la cámara cada vez toma la luz de una manera diferente y los tonos rosados en el cielo me han gustado.

 

Párrafos escritos por separado para que se lean en conjunto. Pero el cerebro se encarga de darles unidad, tú piensa mientras tanto lo que quieras.

 

Creo que llevo más de dos semanas rellenando estas columnas, como si fuera una obligación. Y claro que lo es. O lo hago o me pongo a coser.

 

Adios.

 

 

PD: Al final fue un mes...

May 20

Cerezas

<susurro>

 

Y entonces ahora es cuando ya no me apetece hacer nada. Debería rebuscar entre lo que ya he escrito, dicho por mi y por otros tantos, y remezclarlo. Todos los fragmentos, haciendo uso de mi condición postmoderna, juntos de una vez.

 

He dejado de lado mi canto egoísta hacia la mujer (algún día se dejara caer, incompleto, pero destinado a acabar en el suelo), porque ya he superado ese temor adquirido gracias a la información incompleta, pero no por ello falsa.

 

¿Vieron esa película de un chico de 17 años en su último curso en esa institución que te prepara para la vida? Yo si, unas tres esta semana.

 

I’m sick. Ya no leo sobre platillos volantes, ni sobre las desigualdades laborales. Ahora busco leer sobre YO y sobre esa foto en blanco y negro que tanto me gustó.

 

Sigamos con los temores: temo a la marabunta, a los fallos del sistema linfático, por no hablar ya de los del neuronal. También temo perder un zapato, pero no trato de encender las luces cuando estoy en un sueño que no creo que sea cierto.

 

¿Te conté ya lo mucho que me ha costado organizarme? Pero no he necesitado productos adulterados, ni grandes dosis de café. Sólo aburrimiento.

 

Es una pena que no coleccionen true type fonts, verían entonces lo lindo que queda esto sin necesidad de leerlo, gracias al amanecer australiano y a mis problemas de percepción.

 

You know... I’ve always done what I want...

 

</susurro>

 

Adriana A Veces

Occupation
Location
Ya no respondo al estado civil, ya no me permite poner que estoy viuda.
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